
Cuando el dolor es fuente de inspiración para una novela o la letra de una canción, el resultado es una maravillosa creación, capaz de estremecer con la mayor intensidad.
Cuando el dolor es inspirador de la venganza, se convierte en un peligroso aliado que, en cualquier momento, puede traicionarte.
Comencemos por el principio:
Era el mes de Noviembre de 1999. En aquélla época, me moría por los huesos de FlacKman, un
superhéroe revolucoinario y muy aventurado que pretendía cambiar el mundo. Lástima que yo fuese una pequeña y débil niñita cobarde que nunca podría llamar su atención.
Todas las tardes solía recitar un conjuro para lograr su amor.
El conjuro nunca surtió el efecto deseado pero, a pesar de ello, me resultó bastante útil, ya que una de aquellas tardes se sentó junto a mi un pequeño duendecillo, me dijo que lo había escuchado todo y se ofreció a ayudarme. Él me convertiría en una bella y valiente jovencita que poco tardaría en conquistar a mi héroe. A cambio, debía prometerle al duendecillo que mi amor por FlackMan sería eterno.
Los duendecillos son seres de personalidad compleja - pensé - el duende agresivo gruñe, ataca e incluso muerde, aunque, con un poco de paciencia - seguí pensando - puede llegar a ser un gran compañero. Así que acepté su trato.
Pero con el tiempo nuestro apasionado FlackMan comenzó a sentir una fuerte necesidad de hacer todo el tiempo cosas sexys y salvajes, lo cual acabó deseperándome y me condujo a los brazos de otro hombre.
Durante largo tiempo viví convencida de haber engañado al duendecillo, sin embargo, ahora tengo la certeza de que ha descubierto mi engaño. Sé que me vigila y, aunque no me lo haya dicho, también sé que me ha usurpado mi valentía y desfachatez, ahora soy una muchachita indefensa y, amigos, aquí empeiza mi malvado plan.
Voy a enseñarle a ese maldito enano que nunca debió meterse en mis asuntos, y tampoco debió fotografiarme escondido tras maleza.
Tal vez esto no explica que coma champiñones crudos, but please, COME DANCE WITH ME.
