Teresa es una chica con un ego desmedio, pero no demasiado superficial.
Aquella tarde, estaba acostada en el sofá, leyendo una novela que había escrito un escritor checo. Estaba anocheciendo. Su novio, Tomás, se sentó junto a ella y, aunque nunca lo había hecho, apoyó su cabeza en su hombro derecho, reclamando que Teresa le acariciase el pelo. Como no sintió caricia alguna, Tomás apoyó su cabeza sobre las piernas de Teresa. Aún así, siguió sin respuesta.
No mediaron palabra, Teresa pensaba en la sensación que le producía la cabeza de Tomás como un perro sin dueño y a ella nunca le han gustado los perros, y mucho menos los abandonados.
Sentía una fuerte repugnancia hacia Tomás y hacia esa cabeza en especial, aún así, por alguna razón extraña no se movía de ese sofá. Empezó a pensar en una historia que, días antes, una amiga le había contado. Pensaba, también en aquel día en que llegó a la ciudad y...un momento! Qué estaba viendo a través de la ventana?: Sexo de luces en la ciudad!!! Son esas jodidas luces, vienen y van.
Aquella tarde, estaba acostada en el sofá, leyendo una novela que había escrito un escritor checo. Estaba anocheciendo. Su novio, Tomás, se sentó junto a ella y, aunque nunca lo había hecho, apoyó su cabeza en su hombro derecho, reclamando que Teresa le acariciase el pelo. Como no sintió caricia alguna, Tomás apoyó su cabeza sobre las piernas de Teresa. Aún así, siguió sin respuesta.
No mediaron palabra, Teresa pensaba en la sensación que le producía la cabeza de Tomás como un perro sin dueño y a ella nunca le han gustado los perros, y mucho menos los abandonados.
Sentía una fuerte repugnancia hacia Tomás y hacia esa cabeza en especial, aún así, por alguna razón extraña no se movía de ese sofá. Empezó a pensar en una historia que, días antes, una amiga le había contado. Pensaba, también en aquel día en que llegó a la ciudad y...un momento! Qué estaba viendo a través de la ventana?: Sexo de luces en la ciudad!!! Son esas jodidas luces, vienen y van.
